Las matronas que no aman a las doulas

Nunca había oído hablar de las doulas hasta que durante mi formación como matrona hablaron del “informe doula” en el que se denunciaba el intrusismo que estaban ejerciendo sobre las competencias de las matronas. Desde entonces, han pasado más de 15 años, ¡qué rápido pasa el tiempo! Pero eso es otra cuestión… 

Por aquellos entonces me imaginaba a las doulas como una especie poco común camuflada de incógnito moviéndose en contra de la sociedad científica, hasta que conocí a las primeras en un curso en el que coincidimos varias sesiones. Fue en este momento cuando mi imagen mental se hizo tangible. 

En primer lugar pedí perdón por mi escepticismo hacia su trabajo y en segundo lugar tuve que pedir perdón hablando en nombre del colectivo de matronas. En ese momento entendimos que la generalidad no se corresponde con la realidad, ni todas las matronas son “matrosarurias” ni todas las doulas son “brujas oportunistas”. 

En mi humilde opinión el papel de las doulas tiene una raíz común en el saber y la práctica de la matrona. Ellas se han hecho lugar cuidando el acompañamiento de nuestras madres, una necesidad que tiene toda mujer en época de crianza. Quizás las políticas austeras en sanidad han hecho que las matronas trabajemos fundamentalmente dentro del paritorio pero quizás nuestra actitud como colectivo también ha contribuido a este hecho.  Cada vez estamos más acostumbradas a la tecnificación y a los protocolos. Esto sumado a la presión asistencial hace que no podamos dedicar mucho tiempo a hablar con las gestantes y madres, lo que de otro modo, puede resultar cansado e incluso molesto para algunas matronas. Así que no neguemos la mayor ¿acaso las parejas de estas mujeres se sienten desplazadas por las doulas? Entonces ¿por qué a las matronas nos sienta tan mal que vengan acompañadas de sus doulas?

Hablando con algunas compañeras me he encontrado que la mayoría no conocen bien el papel de las doulas y las que han trabajado con ellas, no tienen inconveniente en trabajar con ellas, de hecho, les facilita su trabajo porque las ayuda en la contención y soporte emocional de la mujer en proceso de parto. 

En cuanto al intrusismo que estas puedan ejercer, obviamente no cabe lugar. Son doulas no matronas, igual que un@ carnicero no es un@ charcuter@, así que cada jardinero a sus flores y todo lo demás está al margen de la ley y esto, las doulas también lo saben, porque aunque su formación no esté reglada, no quiere decir que no la tengan, conocen muy bien cuáles son sus competencias y cuáles no. 

Ojo a las matronas, que con los recortes sanitarios públicos y nuestra actitud inamovible del paritorio otros profesionales nos comen la tostada ¡¡¡y estos no hacen intrusismo!!! De igual forma están ocupando espacios sobre los que tienen conocimientos y no están atendidos. Véase el ejemplo de los fisios y el suelo pélvico y no voy a seguir nombrando más por no herir sensibilidades… En definitiva, la práctica la ejerce quién puede legalmente pero además tiene los conocimientos, los medios y la motivación para hacerlo.   

Entonces, si hay que hacer una acusación negligente, fácil, pongamos nombre y apellidos a quién lo lleve a cabo, pero por favor dejemos de mandar mensajes generalistas y alarmistas a través de las RRSS que lo único que hacen es encandilar un tema que ya huele a quemado. Porque ni todas las doulas son unas “brujas intrusistas” ni todas somos las matronas “matrosaurias”. 

¿Y qué hago yo ahora con toda esta mala hostia?

Iniciábamos nuestra última newsletter hablando sobre ese sistema que no amaba a las mujeres, de la ira que nos genera en todos los sitios, a todas horas, en todos los planos, y de lo hasta el coño que nos tienen estas circunstancias. Nos preguntábamos: “¿y qué hago yo ahora con toda esta mala hostia?”

Y ahí está una buena piedra angular: con lo que tengo disponible, en este preciso instante, ¿qué puedo, qué necesito y qué quiero hacer? Son tres cuestiones perfectamente diferenciadas y que reciben, respectivamente, tres respuestas recurrentemente automatizadas: “poco o nada”, “no lo sé” y “liarme a palos”.

Desde este planteamiento, lo que encontramos es francamente desolador, pues no es más que un manojo de sensaciones que circulan en bucle en torno al desconocimiento o la falta directa de recursos, a la nula o baja capacidad que sentimos para cambiar la situación, a la pura parálisis e inacción, a la duda, a la culpa, al estallido de emociones que nos consume la energía de que disponemos, y a la censura.

Y es ésta última la que a este podrido sistema que no nos ama ni trata nada bonito, le flipa. La puñetera censura. La censura a tu vestimenta. La censura a cómo vives en familia (o no). La censura a tus decisiones, a tus palabras, a tus silencios, a tus conductas. La censura dirigida hacia tu cuerpo.

Es ahí, en nuestro cuerpo, donde radica y se asienta mucho de lo que nos conecta con todo ese malestar, hondo y en apariencia mudo, un malestar hacia el que, durante años, hemos ido generando una tolerancia bestial. Para sobrevivir a estas situaciones que nos dejan iracundas, atónitas y paralizadas, hemos desarrollado una altísima tolerancia, nos hemos convertido históricamente en alto-tolerantes a toda esa violencia, ya sea directa, obvia y escandalosa, o sostenida, soterrada e invisible.

Hay mucho en nuestro lenguaje que ya nos lo pone a la vista: “es que me ponen del hígado”, “me sale fuego por la boca”, “se me revuelven las tripas”… “Es que me pongo mala”

¡Es el cuerpo hablando! Nuestro cuerpo es muy honesto, y tiene tanto que decir… Toda información que estamos manejando, que nos vamos encontrando fortuitamente, la que nos tiran encima, toda aquélla que nos vamos guardando casi sin querer… nos va cayendo al cuerpo, que estando en perpetuo contacto con esta censura sistémica, ¿qué opciones encuentra?

En numerosas ocasiones lo que hacemos es enmascarar lo que estamos experimentando, nos mimetizamos con esa censura y, llevándola de la mano, la dirigimos sin pretenderlo como un misil con el objetivo puesto en nuestro propio eje, hacia lo que vertebra de lo que somos, arrasando con todo lo que nos sostiene (“nah, si yo estoy bien”, “un mal día lo tiene cualquiera”, “acostúmbrate, esto es lo que hay”).

Vamos poniendo capa sobre capa, enmudeciendo y cristalizando todo esto en nuestro cuerpo sin darle escucha, cuna o una salida que nos sea nutritiva, sin poder sacar partido a la función que tiene toda esa rabia, que es un motor creativo, energizante y que nos hace aún más autónomas y capaces; pero total, “calladita estás más guapa”, “menuda histérica”, “no seas machorra”… ¿sigo? 

Bajo el peso de toda esta censura, terminamos hechas polvo, cansadas, enfermas, tristes, silenciadas, mordiéndonos la lengua hasta que nos envenenamos, o hasta que la única salida que le damos es inmolándonos, detonando emocional o verbalmente, quedando convalecientes y crónicamente disreguladas.

Y si no, igualmente ya se encarga nuestro cuerpo de mandarnos ese mensaje que estamos desoyendo, somatizando todo ese cúmulo de asuntos irresueltos, todas esas palabras y emociones atascadas. Todo ello mientras tratamos de seguir funcionando a todo dar, con nuestra mente en modo extractor de humo, metiendo ruido a toda potencia, día sí, día también.

Es entonces cuando encontramos una discrepancia enorme entre lo que proyectamos hacia fuera (ej.: “no soporto que la gente se me acerque”, “cuando me quedo en silencio, siento que no puedo relajarme”), y lo que corporalmente se expresa.

En Nativas, cuando acompañamos, ya sea durante la maternidad o en sesiones de terapias complementarias, lo vemos constantemente: tras pedir permiso y entendiendo el respeto que el cuerpo de otra persona merece, ante un instante de contacto cuidadoso, firme, con intención de mera escucha corporal… encontramos que automáticamente aparece la respiración profunda, el suspiro, el bostezo, la verborrea en la que vomitamos todo lo que traemos y nos sobra, y entramos gradualmente en la expresión sincera del placereo, en esa postura que pierde tensión, en el ‘ronroneo’, en el “uh, que se me cae la baba, tú”.

Es ahí, en el cuerpo y todas sus informaciones, donde podemos encontrar muchas herramientas válidas que nos acerquen un poco más a la expresión productiva de la rabia, a las ideas que clarifiquen nuestra mente y nuestro discurso, sin tantos empujes y tirajes, de forma mucho más dichosa. 

Nos queremos vivas y bien gozosas, ¿qué hacemos, hermanas? ¿Nos quedamos atascadas, muertas del asco con ese runrún sin fin, o cambiamos la marcha y le damos cera a dinámicas que estas cuerpas hermosas se merecen?

Bienvenidas las opciones que cada una aporte, seguimos a la escucha ♥

El sistema que no amaba a las mujeres.

Podría ser el título de un podcast, y puede que un futuro lo sea. Hoy «El sistema que no amaba a las mujeres» arranca como una serie de textos en donde daremos rienda suelta a nuestra ira, esa que sentimos cada día y ante cada situación en la que se nos menosprecia por el mero hecho de ser mujer.
Agárrate porque vienen curvas.  

¿Sabes cuando vas al ginecólogo y no tiene en cuenta que eres cíclica y lesbiana? ¿O cuando el mecánico del taller te habla como si fueras tonta? ¿El gasolinero haciéndose el héroe para echarte combustible como si tú no supieras? O ese vendedor de tornillos que te hace un puñetero test para darte los 2 putos tornillos para madera de 4×40 que le has pedido hace media hora y que no se fía de que te lleves los correctos. 

Y en esos momentos es cuando comienzas a llenar el bote de ira. Y no paras. Llenas y llenas hasta que te paras en medio del salón de tu casa horas después y piensas: “¿y ahora qué coño hago con toda esta mala hostia?, ¿por qué no he sabido reaccionar en el momento mandando a la mierda al tío asqueroso ese?

Pues porque no hay espacio para manifestar la ira, porque hay que tirar palante y aguantar y aguantar para ser “una niña buena”. Y cuando hablas eres la mala, la histérica, la punki, la vulgar, la choni, la desquiciada del coño!!!! 

“¿Y por qué ahora?” te preguntan muchos, “¿no lo puedes hacer en el momento y poner fin a la situación antes?”  ¡ME CAGO EN TUS MUELAS DIEGO!

Pero no nos podemos quedar en la ira, nos tenemos que movilizar y pasar a la acción. La ira es un motor, pero no debe ser el único. Necesitamos organizarnos y regularnos desde lo sano, no desde la desesperación y la puñetera resiliencia, pero querido, las dos hostias te las vas llevar como sigas así…  

En resumen: estamos hasta el coño. Porque es lo mismo en todos los sitios, a todas horas, en todos los planos, SIEMPRE. Es el puto sistema, que no ama a las mujeres.

Mitos de la Lactancia Materna

A pesar de la cantidad de información con la que contamos hoy en día, no es raro que las madres se planteen dudas básicas sobre lactancia materna y se pongan en entredicho, incluso antes de que haya llegado el momento. 

Al margen de las acciones socioeconómicas protagonizadas por las farmaceúticas que han denostado la leche de madre durante décadas, actualmente tenemos carencia absoluta de referentes directos en nuestro día a día que nos faciliten el aprendizaje por mera observación, es decir, no podemos aprender de la carne ajena porque entre la escasa natalidad, las bajas tasas de lactancia a partir de los 6 meses y lo poco que las madres dan el pecho en público, la asimilación de este conocimiento se reduce a la experiencia personal que otras mujeres nos verbalizan.

Escribimos este post para reflexionar acerca de algunos mitos para que las madres puedan sentirse mínimamente seguras y decir no sólo “lo voy a intentar”, si no también “he decidido lactar”. 

“No veo que tenga leche” 

¡Pues es muy lógico! El estómago del recién nacido los primeros días es del tamaño de una canica, por eso la madre produce muy poca cantidad de calostro, pero este es de un altísimo valor para el recién nacido. Es muy rico en proteínas e inmunoglobulinas, lo que se asemeja a la 1ª vacuna, dado que dentro del útero el bebé vive en un ambiente estéril y necesita empezar a protegerse. 

La leche se produce a partir de la 16 semana de embarazo y a partir de las 25 semanas puede extraerse, como así se consigue en muchas unidades de prematuros. 

Al ser tan escaso y denso por su composición su extracción no es sencilla, apenas se consiguen sacar unas gotitas. Lo más práctico es sacarlo con la mano, dado que si utilizamos el sacaleches, la mitad se va a quedar en las tubuladuras y…decepción máxima!!!lo más habitual es que sólo salgan unas gotitas…No obstante, como las comparaciones son odiosas, a algunas madres les fluye algo antes del parto o en los primeros días posparto y las que no, que suelen ser la mayoría, se preocupan y cuestionan. La experiencia siempre es un grado, por lo que suele verse calostro en el periodo periparto cuando se ha lactado anteriormente. 

En definitiva, salvo contadas ocasiones, todas las madres están preparadas para dar un alimento a su hijx que le permita sobrevivir, sin embargo, esto no significa que siempre podamos verlo, por lo menos al principio.

La primera consigna mágica de la lactancia es que “no hay que ver para CREER” y a partir de aquí empezamos a rodar…

¿Cuánto come al darle el pecho? ¿Cómo sé si come suficiente?

¡¡La eterna duda!! Nunca vamos a saber la cantidad que exacta que ingiere nuestrx bebé. Cuándo el recién nacido suelte el pecho será que ya tiene bastante. En caso de que siga alerta y “buscando” podemos ofrecerle el otro pecho para que termine de saciarse o relajarse. 

Hay algunas madres que prueban con sacaleches para “ver” que la cantidad es suficiente, ¡esto no funciona! La máquina más eficaz de extracción es nuestro bebé. Su aspecto, comportamiento, las cacas, pises, etc son las formas que tenemos de confirmar que todo marcha según lo previsto. 

Mi bebé llora y mama cada poco, yo creo que se queda con hambre…

Lxs bebés lloran por muchos motivos no solo porque estén hambrientos.Pueden tener sed, frío, gases, están manchados o se sienten solos. Lo que está claro es que lo que mejor conocen y más seguridad les aporta es su madre y por extensión, el pecho materno. Ante la pregunta de ¿por qué llora el recién nacido? la primera opción es ofrecérselo. El calor, el olor y la succión les va a calmar y además se llevan un aporte nutritivo aunque no fuera su intención. 

Segunda consigna…¡Los bebés no saben hablar!

“Te utiliza de chupete”

Lxs recién nacidxs a veces maman porque necesitan contacto, consuelo y seguridad, sentir “mimitos”. Dado que llevan 9 meses en la barriga de su madre no podemos esperar que en pocas semanas no nos echen de menos. Es lo que en neonatología se llama “succión no nutritiva”, es decir, maman pero sin la intención de comer.

La realidad es que el chupete se inventó para aquellxs bebés que no podían tener a sus madres cerca o que sus madres estaban ocupadas en otras tareas.

Tercera consigan.. “no es el que la teta sea un chupete, sino que el que tiene un chupete es porque no tiene teta”.

*No es recomendable usar tetinas/biberón mínimo durante el primer mes, pueden dificultar el establecimiento de la lactancia por “confusión” en nuestrx bebé: los mecanismos de succión son muy diferentes.

High angle portrait of young African-American mother breastfeeding cute baby boy with child looking at camera, copy space

Si se chupa las manos tiene hambre.

Podría ser pero no necesariamente.

Justo después de nacer, dejándoles piel con piel y en un ambiente tranquilo,  lxs bebés inician unos “movimientos” hacia el pecho, así llegan hasta el pezón y empiezan a mamar. En ese “camino” babean, expulsan flemas (restos de líquido amniótico), chupan la piel de la madre y van metiéndose los puños en la boca. Ésto lo hacen porque ese olor les recuerda a su ambiente seguro (el útero) y porque en sus manitas quedan restos de líquido amniótico que resulta que  sabe y huele como el calostro. Este reflejo de succión les ayuda en su viaje hasta el pecho, pero no lo hacen porque estén hambrientxs, ¡¡están ensayando!!. Los bebés están bien nutridos hasta el momento en que se corta el cordón, que deja de estar unido a la placenta, el órgano hasta entonces, encargado de alimentar y oxigenar constantemente al niñx. 

Quiere estar en brazos todo el rato ¿no se acostumbrará a los brazos?

Antes del nacimiento, nuestras criaturas están en un ambiente líquido, caliente, oscuro, con un sonido amortiguado y muy flexionados pues tienen que acomodarse al poco espacio. Muchos bebés cuando nacen se sienten incómodos en las cunas dónde tienen gran espacio para moverse. Es más, puede decirse que tienen miedo porque su percepción es de abandono. Los recién nacidos requieren adaptarse al nuevo ambiente de forma progresiva. Ellos esperan un entorno lo más parecido al anterior, es lo que llamamos “exterogestación” y necesitan estar cerca de cuerpos humanos para sentir la contención. Lxs bebés no son plenamente conscientes de su entorno social hasta los 3-4 meses de vida.

Digamos que con esto, ocurre lo mismo que con el chupete…¡los bebés están acostumbrados a estar en el útero, no en brazos!

Seguro que tiene sed, ¿puedo darle agua?

No, entre el 80-90% de la composición de la leche es agua, por lo que si lxs recién nacidos tienen sed hay que darles pecho. La recomendación de lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses cumplidos es extensiva para todo tipo de alimentos: agua, zumos, frutas, papillas sin gluten, etc. ¡Si hay ola de calor, entonces más teta!

Para descansar por las noches solo le ofrezco de día.

¡Cagada nacional! Las succiones nocturnas de nuestros bebes producen picos de prolactina, la hormona encargada de iniciar la producción de la leche. Se ha demostrado que estas tomas son indispensables para que las mamas durante el día siguiente estén en pleno rendimiento. Es muy común encontrar bajada en la producción de leche en aquellas madres que introducen biberones por la noche para que los bebés aguanten más durmiendo.

Si pretendemos facilitar el descanso materno hay  que elaborar otras estrategias, por ej: Las madres pueden aprovechar cuando el niño duerme para echarse “minisiestas”.

“Tengo miedo de que se ahogue mamando”

Tercera consigna…”los bebés nacen porque quieren vivir”. Para poder mamar de forma eficaz (extracción de leche sin dolor) el niñx tiene que estar muy pegado y alineado con la madre. Tanto que a veces parece que se van a ahogar, pero no es así. 

Los recién nacidos nacen con una nariz cortita muy “chata” lo que les permite perfectamente acoplarse al seno redondo. Si escuchamos atentamente les oiremos respirar. No olvidemos que los niños se mueven por instintos y reflejos y si no pueden hacerlo se soltarán. Durante las tomas, si es necesario ajustar la posición de la cabeza del niñx y/o sujetarla, lo recomendable es hacerlo desde la nuca, así le será fácil retirarse si lo necesita. si aún así estás muy agobiada porque crees que no respira entonces separa tu pecho ligeramente por encima de la areola, si lo hacemos muy cerca del pezón sin querer se lo sacamos de la boca…

No se pueden tomar fármacos durante la lactancia. 

No es cierto. Todavía existe mucho desconocimiento por parte de los profesionales lo que aumenta el riesgo de una retirada de lactancia mal indicada. La  mayoría de los medicamentos son seguros y excepto en contados casos, hay alternativas. Si hay duda, así como con infusiones, alimentos, minerales, etc, puede consultarse su seguridad en la página de uso público e-lactancia.org o con un profesional asesor en lactancia.

Esto aplica a las visitas al dentista, uso de contrastes, etc.

Estoy lactando a mi hijx mayor y estoy embarazada ¿es peligroso para el/la bebé?

Todavía hay mucho desconocimiento y es común escuchar que es conveniente suspender la lactancia del hijx /la mayor por riesgo de aborto o porque puede producir contracciones.

 En un embarazo de bajo riesgo mantener la lactancia no es un impedimento para el correcto desarrollo del mismo dado que el útero no tiene suficientes receptores de oxitocina hasta el tercer trimestre, especialmente a partir de la 37 semana de gestación, por lo que aunque haya excreción de oxitocina por la succión del niño no va a haber contracciones efectivas de parto. 

Si se decide por la lactancia en tándem hay que saber que el cuerpo produce leche suficiente para ambos hijos aunque la prioridad siempre será cubrir las necesidades del recién nacido. El nuevo embarazo cambiará el sabor y la cantidad de la leche, de forma que esta puede resultar extraña para el hijo mayor. No es infrecuente que debido a estos cambios los hermanos mayores se desteten espontáneamente. 

En un embarazo de bajo riesgo el útero no tiene receptores de oxitocina suficientes hasta la semana 37 como para empezar a contraerse rítmicamente, por lo que la lactancia en tándem (dar pecho a mayor y bebé) no es un impedimiento para que el embarazo se desarrolle con normalidad.  

Algunas ventajas de esta es que los primeros días de puerperio la lactancia se hace  más sencilla, dado que el calostro es más fácil de extraer y la ingurgitación mamaria es más progresiva dado que el hijo mayor puede ayudar a descongestionar el pecho en caso de que el bebé no consiga vaciarlo completamente. 

Si se decide por ella hay que saber que el cuerpo produce leche suficiente para ambos hijos aunque la prioridad siempre serán las necesidades del recién nacido. El nuevo embarazo cambiará el sabor y la cantidad de la leche, de forma que esta puede resultar extraña para el mayor. No es infrecuente que debido a estos cambios los hermanos mayores se desteten espontáneamente.

A mi hijo anterior le di sólo unos meses porque me quedé sin leche.

Uff…aquí pasó algo que no supimos atender a tiempo…porque se calcula que el ser humano estaría programado para lactar hasta aproximadamente los 6 años, aunque mucho antes esté preparado para ingerir otros alimentos. Por este motivo es extraño quedarse sin leche antes del primer año de vida del bebé. Sin embargo, algunos factores físicos y en su mayoría socioculturales sí pueden hacer que la producción disminuya. 

Cuarta consigna…La biología no ha previsto que las madres tengan que separarse de sus hijos a las 16 semanas de vida, ni que alimentemos a través de tetinas, por ejemplo. 

En la mayoría de los casos una asesoría de lactancia que valore la situación soluciona la mayor parte de estos problemas. 

A algunas mujeres nos condicionan los cambios que sufre la mama pasados varios meses lactando. Es habitual encontrar unos pechos menos turgentes o más caídos que pueden hacer pensar que son menos capaces de producir. Podría ser lógico pensar que unas mamas menos llenas junto con un niño que cada vez necesita menos cantidad de leche llevaría a producir una leche más escasa y menos nutritiva. Sin embargo, recientes análisis de laboratorio han demostrado que la leche materna va cambiando en composición y cantidad según el niñx crece. Quinta consigna…lejos de ser leche “desnatada” es más acertado una “mantequilla”. 

Esto es lo que justifica que la OMS la recomiende hasta los 2 años prolongándola hasta que la madre y/o el niño se desteten. 

Newborn baby boy sucking milk from mothers breast. Portrait of mom and breastfeeding baby. Concept of healthy and natural baby breastfeeding nutrition.

Tengo el pecho pequeño/pezones planos…. Seguro tengo problemas con la lactancia.

Ni el tamaño del pecho ni la forma de los pezones es determinante para la lactancia (salvo muy contadas ocasiones). La estimulación de nuestrx bebé durante la succión es sobre la areola, no sobre el pezón, de ahí la importancia en conseguir un buen agarre.

Claramente no quiere mi pecho, lo rechaza.

Quinta consigna…Los bebés no rechazan a su madre ni a su pecho, ¡su vida depende de ello!.

Puede ocurrir que por molestias, cansancio, exceso de estímulos, etc de la impresión que el bebe “nos o se aparta”. Hacer un enganche profundo y eficiente resulta de un aprendizaje para la diada que requiere un esfuerzo. Al principio los niñxs no saben agarrarse de la areola y por eso se sueltan, lloran y cabecean. En este sentido, hay que tener paciencia y tratar de calmarle en piel con piel para probar un poco más tarde hasta que se consiga un enganche eficaz en el que el niño coja la areola y no sólo el pezón, que es la opción más fácil pero más incómoda para la madre e improductiva para la lactancia.

Hay que ofrecer cada 3 horas.

El bebé come a demanda, es decir, cada vez que quiere. Podría parecer “mucho” o “muchas veces” pero sus estómagos son pequeños y la leche se digiere deprisa. Eso sí, nos tenemos que asegurar, sobre todo al principio, que no pasan demasiadas horas entre tomas (esto es más frecuente por las noches). Si está adormilado y/o no pide, como adultos tenemos que asegurar un mínimo. Habitualmente 8-12 toma/día es lo normal, de las cuales 2-3 son nocturnas. Hasta que se regula el ritmo puede ser buena idea ponerse una alarma. Ojo a los bebés “muy tranquilos” que tanto gustan.

“La demanda” hay que supervisarla. 

Evito determinados alimentos por si le sientan mal.

La madre debe comer bien y variado. 

Ciertamente los alimentos y algunos medicamentos pueden cambiar ligeramente el sabor de la leche, pero esto es precisamente lo que la convierte en un elemento dinámico, cambiante, lo que no resulta con la leche de fórmula que siempre tiene el mismo sabor. Imaginemos lo que sería para un adulto estar comiendo durante 3-6 meses un único plato. Precisamente esta propiedad dinámica de la lactancia materna es la que contribuye a que los bebés se acostumbren a los diferentes sabores y olores de los alimentos. 

Con respecto a los alimentos más flatulentos pueden evitarse por la madre, pero no por el bebé. Los gases en los lactantes aparecen por distintos motivos que nada tienen que ver con el tipo de alimentación materna. 

Las alergias e intolerancias suelen dar señales muy diferentes y evidentes, eso es otra cosa.A pesar de la cantidad de información con la que contamos hoy en día, no es raro que las madres se planteen dudas básicas sobre lactancia materna y se pongan en entredicho, incluso antes de que haya llegado el momento. 

Al margen de las acciones socioeconómicas protagonizadas por las farmaceúticas que han denostado la leche de madre durante décadas, actualmente tenemos carencia absoluta de referentes directos en nuestro día a día que nos faciliten el aprendizaje por mera observación, es decir, no podemos aprender de la carne ajena porque entre la escasa natalidad, las bajas tasas de lactancia a partir de los 6 meses y lo poco que las madres dan el pecho en público, la asimilación de este conocimiento se reduce a la experiencia personal que otras mujeres nos verbalizan.

Escribimos este post para reflexionar acerca de algunos mitos para que las madres puedan sentirse mínimamente seguras y decir no sólo “lo voy a intentar”, si no también “he decidido lactar”. 

Me han dicho que dar teta provoca caries.

Si el bebé tiene dientes, en realidad la lactancia materna será “protectora” de la caries, dado que facilita el correcto desarrollo de la cavidad oral, estructura ósea, musculatura peribucal, desarrollo óptimo de la mandíbula, etc.

Lo ideal es iniciar la higiene de los dientes desde que aparecen los primeros, sea leche de madre o no. 

Si el niño es mayor y tiene caries hay que valorar el caso y otros factores como por ejemplo  ingesta de otros alimentos (caramelos, azúcar, miel, cacao, etc) o la  higiene bucal (incluso después de las tomas).

Ofrezco siempre los dos pechos en cada toma.

Lo importante es asegurarse de vaciar cada pecho para asegurar que el/la lactante adquiere la parte grasa de la leche que es la que queda al final de la toma. Si después de acabar uno pide más, le pasamos al otro hasta que decida parar. 

Duermen mejor con biberón.

Las digestiones con leche de fórmula son más pesadas que con leche materna es por eso que después de comer quedan mucho más adormilados. La leche materna se digiere más fácilmente y también más rápido. En ausencia de problemas, el bebé duerme lo que necesita sin ayudas. 

Si tengo un parto por cesárea tendré más problemas con la lactancia.

Una intervención como la cesárea puede alterar la fisiología de la lactancia dado que la transición hormonal puede ser distinta. Esto junto con factores como el estrés, mayor hemorragia, medicación durante la cirugía, el propio dolor de la herida o la separación de la diada pueden retrasar la aparición de la leche de transición. 

Todo esto puede complicar la instauración de la lactancia, pero no significa que tras una cesárea no pueda darse el pecho, dado que el paso fisiológico que desencadena el inicio de la lactancia es el desprendimiento de la placenta y esto va a ocurrir si o si después de cualquier nacimiento.  

Para reducir este el impacto, una medida que ha demostrado su eficacia es facilitar el contacto piel con piel entre la madre y bebé cuando se nace por cesárea de igual forma que este procedimiento se respeta y facilita cuando se nace por parto vaginal. 

¿Cómo cuido mi pecho?

Durante todo el embarazo el pecho se prepara para lactar engrosando las glándulas periareolares y aumentado su capacidad de lubricación. No es necesario aplicar ninguna pomada y en caso de que al principio haya un incremento de la sensibilidad puede ser útil aplicar un gota de aceite de oliva sobre la punta del pezón.

Los senos deben lavarse con agua y jabón con el aseo normal diario. No es necesario lavarse antes de cada toma. 

¿¿Lactancia materna como método anticonceptivo??

Sí hay evidencia de que protege frente a otro embarazo, dado que las hormonas de lactancia inhiben la ovulación. No obstante, deben cumplirse ciertos requisitos. Esto es lo que se conoce como método MELA: lactante de menos de 6 meses, alimentación exclusiva con leche materna y no aparición de sangrado vaginal en la madre en los primeros 6 meses tras el parto. 

Si alguno de estos 3 criterios no se cumplen no puede garantizarse y es recomendable la utilización de otro método anticonceptivo. 

El pecho se estropea después de la lactancia.

La lactancia materna cambia la forma del pecho, pero no sólo ella, si no también el embarazo, dado que durante 9 meses la glándula mamaria se va desarrollando para estar preparada en el momento del nacimiento. 

¿Con prótesis se puede lactar?

Depende de la cirugía y de que la madre quiera probar. En cualquier caso se puede sostener la lactancia con una sola mama.

Esperamos haberos servido de ayuda en desmitificar muchas creencias injustificadas que lejos de dar conocimiento genera dudas para hacer lo que todas las mujeres y bebés estamos preparadxs simplemente por el hecho de serlo.

Síndrome del Shock Tóxico

Siempre he relacionado el Síndrome del Shock Tóxico (SST) con los tampones, pero hay mucho más. He estado leyendo y el Síndrome del Shock Tóxico es una enfermedad grave que puede ser causada por dos tipos de bacterias: el Streptococcus pyogenes y el Staphylococcus aureus. Afecta a todas las personas, no solo a aquellas que tienen útero y usan tampones.

Estas bacterias se encuentran en la piel, nariz, vagina y otras mucosas de nuestro cuerpo, y puede ser provocado por infecciones cutáneas, quemaduras y operaciones quirúrgicas. El problema es que hay personas que no tienen anticuerpos frente a estas bacterias y como no existe ningún método para detectarlo, todas corremos el riesgo.

Muchos estudios indican que la gran capacidad que tienen los tampones para absorber fluidos y su colocación en el interior de la vagina, permiten que haya una mayor concentración de oxígeno en la zona, lo que puede generar la producción de estas y otras bacterias.
Usar tampones de gran absorción cuando no es necesario o dejarlos dentro de la vagina más de 4 horas, aumenta todavía las probabilidades de SST, pero ojo, con la copa menstrual también hay posibilidades de manifestarla. Esto es porque al introducirlo en el interior de nuestra vagina y entrar en contacto directamente con nuestras mucosas el proceso es similar, aunque en mucha menor medida.
Por ello, es muy importante que mantengas limpia tus genitales (sin jabón, solo con agua), que laves tus manos antes de introducirte nada en la vagina y que tu copa menstrual esté muy limpia antes de colocarla.

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Como ya sabrás, el sangrado libre y/o las compresas de tela son otras alternativas que aunque precisen de la misma limpieza, no se introducen en la vagina y por tanto hay un riesgo mínimo de SST. ¡Espera!, ¿qué es el sangrado libre? Pues eso, dejar que la sangre de nuestra menstruación salga de nuestro útero, por nuestra vagina, hasta fuera, sin usar copas ni tampones. Es simple ¿verdad? A muchas les puede parecer una moda, algo sucio o un acto innecesario debido al mundo tan “evolucionado” en el que vivimos, indaguemos un poco más.

Nuestras antepasadas, que no contaban con ninguna herramienta para recoger su sangre menstrual (y que no lo vivían como un tabú social), no usaban nada en sus vaginas y dejaban que la sangre saliese libre, haciendo en esos días todo tipo de actividad sin miedo o pudor. Este “movimiento” volvió en la década de los 70 como protesta a raíz de la aparición de muchos casos de síndrome de shock tóxico (una infección provocada por el uso de tampones y que puede llegar a ser mortal), y desde hace unos años se está visibilizando cada vez más.

Al tomar un analgésico contra el dolor, al ponernos un tampón toda la noche o una copa durante horas, estamos silenciando una parte de nosotras y aunque utilicemos materiales ecológicos para llevar una menstruación muy sostenible, debemos ver, oler y tocar nuestra sangre para no temerla nunca más. Cada una sigue su camino y menstrúa como quiere y desde donde quiere y el sangrado libre es, sobre todo, un movimiento reivindicativo con varios objetivos, pero el principal es el de normalizar la menstruación y acabar con los tabús que todavía existen en torno a ella.

La maratoniana Kiran Gabdhi corriendo mientras sangraba libremente o la ilustradora Rupi Kaur publicando una foto suya con un pantalón manchado son buenos ejemplos que dieron la vuelta al mundo hace pocos años. Pero también hay mujeres como Rous Baltrons o Cèlia de The free regla, que lo muestran en sus redes sociales para que todas podamos aprender un poco más de esta técnica y vivir las menstruaciones de manera mucho más consciente y con una mayor conexión entre nuestro útero y nuestra mente.

Según Lola Hernández, de La Caravana Roja, para poder controlar nuestro sangrado libre “se requiere escuchar las señales de nuestro cuerpo, ya que cuando la sangre menstrual se expulsa, es a través de las contracciones que realiza nuestro útero”, y debemos estar atentas para reconocer los signos y poder recoger la sangre en un vaso o limpiarnos con papel. Esto no significa que de un día para otro notemos esas contracciones y consigamos vivir una menstruación con sangrado libre sin mancharnos, necesitamos un poco de práctica y de conocimiento de nuestro propio cuerpo para identificar las señales pero puedes empezar a hacerlo hoy mismo y si te manchas, simplemente te limpias.

Entonces, ¿cómo podemos llevarlo a cabo? Pues practicando con ejercicios de relajación de útero para entrar en contacto con nosotras mismas y disfrutar del proceso sin autoexigencia. Pero no es necesario tener un suelo pélvico fuerte para que, al contraer la vagina, seamos capaces de retener el flujo. Dejemos que la sangre caiga con la gravedad y nada más. No es cuestión de retener sino de soltar.

Es importante vivir estos días desde la calma, sin hacer grandes esfuerzos, porque nuestro día a día se nos hará muy complejo si cada poco tiempo tenemos que cambiar nuestros pantalones o estar en el baño limpiándonos constantemente. Y es así como con el sangrado libre generamos más consciencia sobre nuestro cuerpo y sobre cómo lo tratamos. Quizás practicar el sangrado libre con una ropa ajustada y grandes costuras y trabajar en una oficina no es lo mas conveniente. Es preferible pasar unos días en casa, con faldas o pantalones sueltos, ligeros, sin bragas o con ellas, sintiendo cómo nuestro útero se contrae y expulsa la sangre, y pudiendo recogerla y limpiarnos sin vivir en un agobio constante.

¿Te atreves a dejar los tampones y la copa y probar el sangrado libre?

Lactancia y amenorrea

Una vez que parimos, las hormonas en nuestro cuerpo andan de fiesta: unas suben, otras bajan, de aquí para allá,… creando en nosotras un mar de emociones que a veces nos ahoga y otras nos lleva al paraíso. Y en el caso de las mujeres que damos lactancia materna en exclusiva, la prolactina y otras hormonas que interfieren en este proceso, se suman a esta celebración creando toda una revolución en nuestro cuerpo. ¡VENGA FIESTA!

Todo este cocktel tiene unas consecuencias emocionales muy claras (sobre todo por los cambios de humor), pero también físicas. Te has preguntado alguna vez porqué no nos baja la menstruación mientras damos el pecho a nuestros bebés. No en todos los cuerpos es igual pero, por lo general, cuando se da la lactancia materna en exclusiva, el cuerpo deja de ovular, entendiendo que si estás proyectando toda tu energía en cuidar de un bebé y amamantarlo, no es el momento de volver a quedarte embarazada.
Sí, yo también tengo un amiga que tuvo así al segundo crío.

La causante de la falta de menstruación o amenorrea es la prolactina. La prolactina es una de las hormonas que intervienen en el ciclo de creación de la leche materna. En el momento en que la placenta es expulsada en el parto, lo que se conoce como alumbramiento, los niveles de esta hormona empiezan a subir para “fabricar leche”. A medida que pasan los días y que el bebé va succionando más, los niveles van subiendo y se mantienen elevados mientras existe succión. Cuanta más succión, más prolactina se segrega y en consecuencia, más leche produce una madre.
Este proceso por tanto frena la segregación de las hormonas que intervienen en la ovulación:
las hormonas luteinizante (LH) y foliculoestimulante. Estas son producidas por la hipófisis para promover la ovulación y la estimulación de los ovarios, que producen a su vez estrógenos y progesterona para estimular el útero y las mamas en el caso de una posible fecundación.
Pero si la prolactina se lleva toda la atención, estas hormonas pasan a un segundo plano y dejan de segregarse. Y es que la prolactina tiene una doble misión: proveer al bebé de la leche materna, e inhibir a nivel cerebral y ovárico la secreción de hormonas relacionadas con la fertilidad.

“Pero, dando el pecho me vino la regla”. Ya, es que en ocasiones esta ecuación no se cumple. Hay mujeres que tienen mucha cantidad de hormonas para la ovulación y la prolactina no lo supera, por lo que se pueden dar sangrados. En ocasiones son sangrados sin ovulación que no se consideran menstruación, pero en otras sí es el periodo y llega para quedarse.

Por eso quiero recordarte algo muy importante: LA LACTANCIA MATERNA EXCLUSIVA NO ES UN MÉTODO ANTICONCEPTIVO. Nadie te asegura que dando el pecho no vayas a ovular, por lo que, aunque hay muchas probabilidades de que no se dé la ovulación, puede que el cuerpo cambie de un día para otro y se produzca un embarazo no buscado. Pon protección en el caso de que no quieras que te pase como a tu amiga.
A muchas mujeres les encanta sangrar ciclo tras ciclo porque ese momento les ofrece calma y marca un inicio y fin a nuestra rueda menstrual; y otras, por lo contrario, lo ven como un alivio, el poder estar esos meses (o años) sin la menstruación.

Pero cuándo aumentan las probabilidades de que la menstruación llegue mientras damos el pecho.
Pues cuando empiezan a darse periodos de más de seis horas sin mamar: si van comiendo cada vez más porque empiezan con la alimentación complementaria (a partir de los 6 meses) y en algunas comidas ya no toman pecho o si por la noche empiezan a dormir de seguido, si la mamá ha empezado a trabajar y pasa varias horas fuera de casa, si van a la escuelita y están varias horas sin mamar,… Todo esto hace que el cuerpo genere menos leche, por tanto, menos prolactina, y que empiece a pensar que como el niño es más autónomo, ya podía volver a tener las condiciones optimas para tener más bebés.

Como te he dicho antes, cada cuerpo es un mundo, y hay mujeres que tras la cuarentena tienen la menstruación y otras que se pasan dos años sin ella. Sea como sea, si tu cuerpo está sano no tienes de qué preocuparte. Bastante trabajo tienes ya con esa pequeña criatura que te ha robado el corazón.

Pobreza menstrual, una realidad mucho más cercana.

¿Y si no tengo dinero para vivir una menstruación sana y natural? ¿Sabes que hay mujeres que
no pueden comprarse compresas o tampones? Niñas que no van a la escuela porque no tienen
con qué recoger la sangre de la menstruación y mancharse les supone ser excluidas y criticadas.
¿Sabes que hay chicas que no van a clase o al trabajo porque no les tratan los dolores del
periodo debido al gran tabú que supone la regla? ¿Sabes cuánto se tarda en diagnosticar una
endometriosis? A la mayoría nos dicen que el dolor en la menstruación es normal y que a todas
nos pasa. Y te puedes tirar años con dolores increíbles y nadie mueve un dedo para saber el
porqué de estas molestias.

Esto es pobreza menstrual, el no poder acceder a productos de primera necesidad como son unas
compresas y no poder recibir un trato sanitario adecuado por el estigma que supone ser mujer y
menstruar. Necesitamos justicia menstrual, un movimiento que luche por la justicia social y que
erradique con esta discriminación, que se suma a una larga lista que sufrimos las mujeres.
En España tenemos un IVA del 10% cuando debería ser, al menos, del 4% como los productos
de primera necesidad, pero es que las compresas de tela se consideran ropa y tienen un 21% de
IVA. Esto se conoce como la tasa tampón. En otros países, como Inglaterra, Kenia, Malasia,
Colombia,… no tienen este impuesto, incluso en Nueva Zelanda estos productos ¡son
gratis!

Esto, aunque suene duro, es violencia hacia la mujer, porque tener que pagar un impuesto
mes a mes, durante unos 40 años, por un producto que es de primera necesidad, es discriminar.
Y otra de la que quiero hablarte en este vídeo es del rosa, el rosa siempre es más caro. ¿Sabes
que pagas más por una cuchilla de afeitar “para mujeres” (porque es rosa) que por una “para
hombres”? Decenas de artículos cuestan más si van dirigidos a nosotras, pero ¿por qué? Muchos
artículos son más caros en su versión femenina que en la masculina, de hecho Facua realizó en
2018 un estudio que destapaba un aumento del 171% del precio de las cuchillas de afeitar para
mujeres.
Hay quien lo achaca a cuestiones de marketing pero esta disparidad, popularmente llamada
«tasa rosa» es sin duda una discriminación más que junto a la tasa tampón, perjudica
económicamente a la mujer.

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Desde el Ministerio de Igualdad de España se ha vuelto a retomar la propuesta de bajar el iva e
igualar los precios, porque dicen que «las mujeres no pueden pagar más por el hecho de ser
mujeres», pero da un paso más y reclama incluir «todos aquellos productos vinculados a las
tareas de cuidados y que suponen un impacto para la economía familiar», como son los pañales
de bebés y adultos por ejemplo. Un ligero cambio reportaría un gran bienestar, mejoría la
calidad de vida de las personas y las economías familiares de este país.

¿Y qué puedes AHORA hacer para solucionarlo? Cambia tus hábitos:
◦ Utiliza material no desechable, como cuchillas de afeitar recargables, compresas de tela,
bragas menstruales o la copa. Esto te va a ahorrar muchísimos impuestos.
◦ Invierte en empresas o pequeñas marcas que hagan de su producto algo más artesanal y
cuidado, y abandona las «macromarcas».
◦ Descubre otras formas de recoger tu sangre menstrual y da el paso a una menstruación y
un estilo de vida zero waste.

Nativas Mujer desde el origen

¿Qué hacemos estas cuatro mujeres tan distintas creando juntas un espacio donde cuidar de nuestra salud y sostenernos las unas a las otras? Si quieres leer nuestra historia, no pierdas detalle a lo que viene…

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Los esbozos de este proyecto empezaron a dibujarse bastante tiempo atrás, pero no es hasta hace algo más de un año cuando se constituye la primera asamblea formal de Nativas. En ese momento empezamos a trabajar con reuniones semanales para permitir conocernos un poco mejor y crear lazos que nos unieran como equipo. Esta confianza que cada una depositó ha hecho que fuéramos volcando, a lo largo de estos meses, ideas e ideales, ilusiones, miedos, actitudes y aptitudes que han modelado este proyecto. 

Cada una, desde su formación profesional y experiencia de vida, hemos puesto nuestro granito de arena para dar herramientas que sirvan al cuidado de la salud sexual y reproductiva de la mujer. Consideramos esencial el autoconocimiento, la compasión y la pasión por nuestro cuerpo, darle un reconocimiento desde lo funcional y desde el goce y no solo desde la forma. Ser capaces de entender y compartir la fuerza y el lenguaje de nuestro cuerpo en procesos tan vitales como la menarquia, maternidad o menopausia o tan comunes como el acto de menstruar. 

Sin ser pretenciosas ni caer en la utopía queremos contribuir a que las mujeres nos empoderemos frente a una perspectiva médica paternalista que muy habitualmente se ha utilizado en el manejo de nuestro rol de género engranado en una tradición y cultura patriarcal. 

Quizás de esta manera, empezar por entenderse a una misma haga más fácil y tangible que podamos “cuidarnos entre mujeres”.